Sierva María de Lourdes

 

María Lourdes del Santísimo Sacramento.

  • Verbo Encarnado, Colegio, Rosario, Santa Fe

La Sierva de Dios María Lourdes del Santísimo Sacramento (Mayorina Josefa Para Scaglia), nació el 13 de Junio de 1900, en la localidad de Carlos Pellegrini (Santa Fe), hija de Juan Para y de Mayorina Scaglia. Trabajó en las tareas rurales junto a sus Padres y, cuando su familia se trasladó a la Ciudad de Gálvez (Santa Fe), se desempeñó como modista pantalonera y, con ese fino trabajo, pudo ayudar económicamente a su familia.

 
En el año 1931, con un grupo de señoras y señoritas, fundó la Asociación del Apostolado de la Oración. El 19 de Abril de 1932, ingresó en el Monasterio del Verbo Encarnado y del Santísimo Sacramento de la Orden del Verbo Encarnado en la citada población. La Orden del Verbo Encarnado se constituyó en Francia en el año 1625, por inspiración y mandato del mismo Señor Jesucristo a la venerable sierva de Dios Juana Chezard de Matel. Esta Congregación tiene como espiritualidad, dar a conocer el Verbo Encarnado, profundizar las Sagradas Escrituras, solemnizar las fiestas litúrgicas y la adoración al Santísimo Sacramento. La tarea que desarrollan es la educación. En la Comunidad de Rosario, Sor María de Lourdes, desarrolló toda su vida religiosa, desempeñando las tareas de despensera, cocinera, encargada del comedor, enfermera, portera, maestra de párvulos y encargada de las alumnas pupilas, mientras existía el internado.

 
En toda su vida de consagrada al Verbo Encarnado, se conformó tranquilamente con lo que la Providencia le proporcionó. No conoció la vanidad ni la ostentación. Con su modestia y paciencia, con su humildad y sencillez estuvo siempre presente en los actos de la Comunidad. A pesar de su edad avanzada, en los últimos años, se mostró atenta y pronta a servir a la Hermanas, aún cuando algunas, por su trabajo y estudio llegaban tarde a cenar. Su caridad, su abnegación y su espíritu de sacrificio, confirman la profundidad de su amor por vivir en la vida consagrada sus esponsales con Jesús, el Verbo Encarnado. Llevaba una vida humilde y oculta, al servicio pleno de la comunidad y de las personas que pasaban por la puerta del colegio, especialmente de los pobres. Era tan servicial, que el mismo día de su muerte dejó la comida preparada y el vaso de leche listo para una religiosa. Al tener un dolor más fuerte en el brazo y en el pecho, pidió permiso para retirarse. La superiora se acercó a su cama y comenzó a rezar la jaculatoria “Jesús en vos confío”, mientras la cubría con una colcha liviana porque tenía chuchos de frío. Al taparla en dos oportunidades, la sierva de Dios pronunció sus últimas palabras: “Muchas gracias”. El 6 de junio, repentina e inesperadamente falleció. El poder vivir en paz, el conservar la dulzura del corazón y el poder servir a tan variados caracteres que pasaron por la comunidad durante sus cincuenta y cuatro años de vida religiosa, son fruto de su íntima unión con Dios y de su fidelidad a la oración en la sencilla confianza y en la ternura de Dios Padre.

Exhumación cuerpo Ma. de Lourdes
 

Presentación Libro I

Presentación Libro II 

Una religiosa del Verbo Encarnado podría ser la primera Santa Rosarina


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